Aunque pueda parecer sorprendente, en el trabajo de un diseñador de interiores que afronta una reforma hay mucha psicología. Para entender lo que el cliente quiere, hacemos muchas preguntas y alentamos a los clientes a pensar a lo grande sobre la casa en la que siempre quisieron vivir, el salón que siempre han imaginado o la cama ideal, sin enredarse en las limitaciones del espacio, de los materiales o de los muebles y habitaciones que ya tienen. De esta forma conseguimos abrir la caja de las expectativas, y podemos trabajar en lo que realmente quiere el cliente aprovechando todo nuestro conocimiento y experiencia.

Pero también debemos preocuparnos de lo que el cliente realmente necesita a la hora de plantear su reforma, porque no siempre coincide con lo que quiere. Eso implica muchas más preguntas y un gran trabajo de observación, no es lo mismo plantear una reforma en la que un determinado color o tejido se utiliza porque al cliente le evoca una sensación o estado de ánimo, que porque lo ha visto mucho y piensa que en su casa también va a quedar genial. No hay que huir de las tendencias, pero igual que ocurre con la ropa, no todo lo que se lleva tiene por qué sentarte bien o favorecerte, quizá necesitas adaptar esa moda a tu estilo, lo que en una reforma implicaría, por ejemplo, utilizar ese color tan trendy en los tejidos (que se cambian con mayor frecuencia) pero no en las paredes o en los muebles. Incluso pensando en la funcionalidad, unas familias aprovechan más una cocina con isla con espacio para desayunar y otras sólo necesitan una cocina cómoda y reducida pero necesitan un salón con un espacio de trabajo, o una habitación para ensayar… cada reforma nos sorprende.

El conjunto de lo que el cliente desea, lo que necesita, y lo que nosotros aportamos constituye el fundamento de una buena reforma. Conjugar esos tres elementos de forma que el resultado sea óptimo es responsabilidad del interiorista. ¿Y qué consideraremos el óptimo cuando hacemos una reforma? que el cliente sienta que la reforma le llena, que cumple sus expectativas además de la funcionalidad deseada, que se sientan “en casa”.

Lo cierto es que es divertido y entrañable descubrir las particularidades del día a día de las familias de nuestras reformas. Todas las casas funcionan con cierta uniformidad, pero hay un encanto especial en las pequeñas variaciones de cada hogar que reformamos, el diferente uso de los espacios, los horarios específicos, las necesidades especiales que encontramos en cada reforma son las que la hacen única.

 

Podríamos decir que cuando presentamos su proyecto al cliente, estamos haciendo básicamente la plasmación de la funcionalidad que nos parece que se requiere, junto con un esbozo visual del estilo general, y después, durante la reforma, implementamos ese diseño, aplicando todos los detalles que nos permite el aprendizaje que hemos hecho sobre ese hogar. Las pequeñas decisiones que se van tomando durante el proceso en conjunto con el cliente matizan el carácter y el estilo de la reforma para cumplir con los objetivos del cliente, que son los nuestros.

Cada reforma tiene, por lo tanto, un lenguaje visual, comunica a simple vista algo que quizá no siempre se puede captar desde fuera, pero que nuestros clientes notan en todas nuestras reformas. Comunica quiénes son las personas que viven allí. Por eso la familia se siente identificada con la reforma y se siente en casa. Eso si el trabajo está bien hecho, claro.

¿Qué aporta de forma específica cada interiorista? Esta es una parte complicada de definir, porque en toda reforma lo correcto es que el diseñador plasme y transmita la voz del cliente, su estilo, su personalidad, pero sin duda cada uno de los profesionales de las reformas y la decoración dejamos algo nuestro en cada trabajo que hacemos, en cada vivienda que reformamos. Quizá lo que ponemos es la perspectiva, la forma de mirar, como si contáramos con nuestras palabras lo que el cliente quiere transmitir. En Cocinobra nuestras reformas, por ejemplo, tienen -como nosotros- un alto componente de curiosidad, que aplicamos en las soluciones innovadoras que utilizamos, en los materiales tratados de forma original, en los tejidos de última generación, o sencillamente en el uso particular de una pieza o en la creación de elementos a medida y personalizados para la reforma en concreto.

Otro de los elementos que en Cocinobra aportamos siempre en nuestras reformas es la luz, la luz como elemento central de la reforma, como eje del espacio y del estilo. Analizar y distribuir el espacio al principio de la reforma es fundamental, especialmente cuando los temas de espacio son los que más resaltan los clientes como motivación de la reforma, pero muchas veces todo está dependiendo de la luz, aunque no seamos conscientes. Una vez logrado el efecto general que buscamos en lo que se refiere a difusión de la luz y optimización de la sensación de espacio, con la luz se puede jugar para subrayar el estilo, haciendo que con menos elementos de los que el cliente pudiera pensar, seamos capaces de evocar en su reforma el tono, el estado de ánimo o la estética que deseaba.

Diseñar para la vida real de una familia real es un reto y un objetivo a cumplir. Sólo se puede afrontar un reforma con esta iniciativa, y sólo se puede diseñar una reforma con un análisis que parte de lo que el cliente nos cuenta, pero va mucho más allá, desde la evaluación de las deficiencias funcionales de una habitación y cómo el espacio o el uso del mismo puede ser transformado en la reforma para adaptarse mejor a las personas que viven allí. El objetivo de la planificación del espacio es crear eficiencia. Muchas veces un cliente viene a nosotros convencido de que no es posible optimizar el espacio en su hogar y conseguimos plantearle una reforma que le sorprende, y habitualmente las soluciones son más simples de lo que pudiera esperar. 

Una vez que el diseñador de interiores tiene la idea de cómo debe funcionar el espacio, combina esos requisitos con la atmósfera y la estética deseadas del cliente, para crear un concepto para el espacio. El concepto será una guía durante la reforma, es la abstracción del espíritu del proyecto. Si hemos captado correctamente este espíritu, el concepto representa, en abstracto, el estilo de ese hogar, lo que las personas que viven allí quieren encontrar, lo que necesitan y lo que les va a hacer sentirse identificados. Una vez alcanzado este punto ya podemos elegir los muebles concretos, las piezas decorativas, los tejidos… todos los elementos que colaborarán para materializar y construir ese concepto, esa reforma.

Estos elementos trabajan aportando al conjunto básicamente de dos maneras, o bien confluyen o contrastan. Cuando un diseñador combina diferentes materiales, formas, patrones y texturas, las diferencias entre ellos pueden mejorar sus propiedades innatas. Por ejemplo, puede que nuestro cliente prefiera las formas rectas, y eso será parte del concepto de la reforma, pero en la plasmación puede que necesitemos añadir algún elemento con formas más suaves, ya que esta yuxtaposición ayuda al ojo a apreciar la diferencia y llama la atención sobre la forma preferida. También es nuestra responsabilidad plantear una reforma que sea todo lo duradera que el cliente nos plantee que necesita, no utilizar ningún elemento de estilo de forma excesiva, utilizar las tendencias de decoración de forma correcta en la reforma, tratar de proponer soluciones duraderas y de las que el cliente no se vaya a sentir desvinculado en poco tiempo.

Otro aspecto fundamental de la reforma es la calidad de los materiales y procedimientos que usamos. La calidad es clave, ya que los materiales y la construcción afectan la forma en que una persona experimenta la habitación terminada. Los materiales de buena calidad tienen un sonido y una sensación que son diferentes a los materiales de mala calidad, y nunca podrán igualarla, quizá puedan engañar a la vista bajo determinada luz, pero una vez terminada la reforma, cuando la vivienda vuelve a su uso cotidiano, la familia convive con esa falta de calidad tan decepcionante. Por otra parte gastar mucho dinero en algo no significa necesariamente que se esté comprando una pieza de calidad. Hay que encontrar el punto correcto, el mejor resultado con la mínima inversión posible, de esa forma la reforma será satisfactoria, la sensación duradera, y probablemente el cliente contará con nosotros en su próxima reforma.

El concepto de diseño de interiores que guía la reforma no es nada sin los detalles de apoyo. Ya sea que se trate de la escala de una pantalla de lámpara o del ancho de la puerta de un armario, un buen diseñador debe estar orientado a los detalles y debe tener en cuenta todos los detalles que van a respaldar la visión general. Esos detalles de la reforma nos permiten además personalizar los espacios más allá de los gustos y las preferencias estéticas. Reutilizar muebles o piezas de decoración que pertenezcan a la familia puede ser una forma de hacerlo, aportar un detalle dedicado a cada usuario en los diferentes dormitorios también transmite hasta qué punto hemos interiorizado el concepto de la reforma y la narración que el diseño debe realizar sobre la vivienda que reformamos.

Más allá de estos aspectos tan fundamentales hay muchas cuestiones de gusto u opinión en las reformas. Podemos optar por utilizar puntos focales o por mantener las habitaciones equilibradas, y esto también dependerá en gran medida de las necesidades de la familia, pero también es algo que aportamos en nuestra perspectiva los diseñadores, en función de nuestro estilo propio. En cualquier caso, un consejo para valorar estas cuestiones, que siempre van a ser más personales que la propia técnica de la reforma, es adoptar diferentes puntos de vista en la estancia, evaluando las diferentes líneas de visión desde las que se va a habitar ese hogar y decidir en función de lo que resulte más adecuado para el conjunto.

Si una vez acabada la reforma, el conjunto responde al concepto, y el cliente se sigue identificando con este concepto, podemos decir que la reforma ha sido un éxito. Pero también debemos entender que como cualquier trabajo de conjunto, puede necesitar matices o correcciones que se verán con la práctica y el uso. Y, sin duda, este propio uso, el día a día, será el que finalmente transformará nuestra reforma en el hogar del cliente.